Me encuentro apoyada en el puerto, mirando el atardecer. No hay barcos en el horizonte, pero si gaviotas volando a mi alrededor.
Observo el momento mágico en el que empieza la noche, esperando que vengas corriendo hacia mi para no marcharte jamás.
lunes, 4 de enero de 2016
Que bellas son las lágrimas de felicidad, pero qué amarga puede ser la dicotomía que te lleva a ellas. Parece ser que el adiós está a menudo involucrado.